lunes, 16 de enero de 2017

Autoridad

Si hay algo que no marcha sobre ruedas en nuestra relación es la resistencia que muestro a veces (es bueno hablar también de los contras, para irlos superando con el tiempo, ¿no?)

Partiendo de la base de que, sobre todo, los nacidos a partir de los años 90 hemos recibido una educación muy igualitaria y respetuosa, yo he crecido con el sentimiento de que nadie es más ni menos que yo, de que ningún hombre podría nunca alzarme mínimamente la voz, ni faltarme al respeto, ni controlar ningún aspecto de mi vida, ni dirigirme, ni mantenerme, ni mucho menos, levantarme la mano. Es algo que tengo tatuado a fuego dentro y me lo creo bien. Está claro que en esta educación va implícito el hecho de no ser consensuado y que, siendo algo que eliges libremente y que nunca ataca tus derechos fundamentales como persona individual… no tiene nada que ver con ningún tipo de maltrato.

Pero me frustra. A veces siento tontamente que JD tira de la correa un poco fuerte y me sale gruñir y enseñar los dientes; me puede el ego, el sentimiento de orgullo, de guerra…, no sé, trabajamos mucho en eso porque soy una persona muy terca y cuando me entra esa cabezonería no hay manera humana de hacerme entrar en razón… ahí mi sumisión se reduce a 0, todo lo trabajado se derrumba un poco y sólo ansío manejar el cotarro y que todo suceda como yo quiero. Está mal, sí, pero me ocurre.

Cabe decir que realmente JD nunca tira más de lo que yo puedo soportar. Tratamos de ir muy despacio en esto y jamás da un paso largo de más hacia delante ni mucho menos, simplemente mi percepción hacia una reacción X de su persona a un tema que comento genera en mí ese malestar y esa afrenta tan mala. Porque ambos lo pasamos mal en esos momentos y todo sería mucho mejor con una mayor estabilidad de sumisión/dominación real y tranquila. Lo pasamos mejor.


Sin embargo, a veces, es todo lo contrario… ¡estamos tan bien! tan tranquilos, relajados, hablando de una cosa y otra que me siento muy suyo, bastante sumisete, bastante en “calma”, dispuesto a obedecer absolutamente cualquier cosa, expectante, lleno de ganas de brindarle todo el placer habido y por haber, de contentarle de sobremanera y… pasa un rato largo, se pasa la mañana, la tarde y el día sin un estímulo ni nada que me haga desplegar todas estas ganas de servirle que tengo dentro, estas ganas de demostrarle, mediante sumisión, cuánto le amo… pero sólo hallo la igualdad más pura y no me siento dominado mínimamente, siento como se rompe toda esa estructura dentro de mí, como que todo este sentimiento ha sido en vano y que no busca mi sumisión entonces, subconscientemente pienso: bien, si quiere igualdad, se la doy. Y quizás me enfurruño o se da un enfrentamiento (que me transporta al sentimiento que siento en el párrafo anterior y que a él le cabrea mucho, claro)

Suponemos que es una cuestión de ying y yang. No es posible, para nosotros, estar todo el día con la fusta en la mano ni estar todo el día sin una guía clara que yo deba seguir. ¡Equilibrio!

Sabemos que ese tironcillo de correa de cuando en vez nos favorece, nos crea un ambiente propicio sin mucho esfuerzo y mantiene las cosas en su lugar. Pueden ser hechos pasajeros, que se dan en un momento y que me ponen a prueba (una orden que me haga bajar al trastero a por algo, no beber de la copa hasta que no beba él primero, etc…) o bien hechos de diario, que ya tenemos establecidos y son las cosas que nos diferencian de una pareja vainilla (que decida siempre él cuándo y cómo tenemos sexo, dormir juntos en una determinada postura que le gusta -y a mí también, jeje- o las cosa que debo consultar antes de hacer…)

Estos ‘entrenamientos’ me hacen sentir más preparado, más usado, más competente en mi campo, vaya. Responder bien a su autoridad creo que es de los mejores momentos para ambos.


Lo que realmente me gusta es complacerlo con todo lo que puedo. Cada vez me gusta menos que se establezca esa ‘igualdad’ que dicen que es tan sana entre nosotros y me gusta más cumplir y agradarlo porque lo noto así feliz y me siento yo feliz conque me guíe y me dirija y me lleve; no quiero otra cosa. Hemos crecido en esto un montón, ha crecido mucho nuestra relación…
Estamos preparados, estamos aprendiendo, estamos avanzando.

perroladrador {JD}

domingo, 8 de enero de 2017

Dosificando (por JD)

El rol del dominante o del amo a priori puede parecer fácil, solamente se trata de dar ordenes y castigar cuando las ordenes no se cumplen, se podría pensar. Pero cuando se trata de hacerlo viable en un 24/7 continuo o de ejercer el rol en pareja en la vida cotidiana no es en absoluto fácil. No se puede ir con la fusta en la mano todo el día y tampoco se puede castigar indiscriminadamente por cualquier falta por nimia que sea.

JD - Fin de año 2016
Hay que dosificar en grados la dominación e ir averiguando en la práctica cuando se puede presionar más y cuando hay que aflojar. Y no me refiero sólo a adecuar los castigos a las faltas según sean estas más o menos leves, esto es relativamente sencillo. Lo que encuentro complicado es ejercer la dominación cuando no hay faltas por parte del sumiso. Es complicado pues si ejerces demasiada presión imponiéndote en absolutamente todo, la vida real deja de serlo y se convierte en una sesión sádica que tarde o temprano deja de tener sentido, a no ser que sea eso precisamente lo que se busca, el sadismo por el mero sadismo. Y si no se ejerce presión a la hora de tomar decisiones pronto empieza a diluirse en una relación vainilla pues el sumiso no percibe autoridad y quiere hacer siempre lo que el quiere. El termino medio que se dice, y es difícil encontrarlo pues cada pareja es un mundo y se tienen distintas necesidades. En mi caso me esfuerzo por encontrar el punto en el que las necesidades de ambos se cubran sin generar tensiones. Cuando me muestro firme en todas las decisiones funciona sin problema, pero llega un punto en que perroladrador crea resistencia a esa firmeza y empieza a ser más insistente para salirse con la suya, en ese momento si mantengo la firmeza él suele obedecer pero a las malas, con orgullo, creando tensión en los dos pues su enfado acarrea el mío también.

Si en ese momento cedo o aflojo entonces perroladrador se crece en su orgullo y se cree que él también manda o incluso se atreve a decirme que como voy a mandar en lo importante si cedo en lo pequeño y esto evidentemente también acarrea mi enfado. Tengo que decir que perroladrador se esfuerza en vencer su orgullo y se lo recuerdo constantemente, pero si que no puede evitar ser como un cachorrillo al que llevas de la correa, si tiras mucho se ahoga y si aflojas echa a correr. Así que por mi parte, seguiré esforzándome en encontrar siempre la dosis adecuada de dominación en cada momento para que nuestra relación salga adelante, pues esa, como dominante, es mi responsabilidad.

Fdo. JD