martes, 20 de noviembre de 2012

Pezones...

Este fin de semana ha sido importante para mí, he superado un límite que marcaba como inaccesible al menos hasta dentro de unos cinco meses, cuando espero poder operarme.
Reitero que para mí ha sido verdaderamente importante, de hecho no me he dado cuenta de la magnitud del asunto hasta hoy. Sí lo había pensado, de hecho en el mismo momento lo pensé, y después, y horas más tarde, pero después de haber descansado y tener las ideas más claras lo veo todo más vivo y estoy contento.
Estoy contento y también orgulloso, no es un orgullo negativo, desobediente o juguetón, es un orgullo sano como pocos, una satisfacción propia que me hace sentir mejor. Me siento más transparente con JD, hice algo que juraría que no iba a hacer. Sin embargo, más que un límite era una fobia, un rechazo hacia mi cuerpo, hacia mi pecho, supongo que un complejo que está parcialmente superado. Obviamente no está superado del todo, ni lo estará de momento, pero lo hice y lo volvería a hacer.

¡¡JD me dio caña en los pezones!!


Podríamos normalizar la situación y restarle la poca importancia que tiene, podríamos reivindicar que es el juego más normal del mundo dentro de la D/s y cerrar así la entrada, pero para mí es algo más y tengo el deseo de explicároslo, ya que esto es un diario sobre mí y sobre como vivo el BDSM.

Todos los chicos tenemos pezones. Es algo que cualquiera sabe, algunos los tienen más pequeños y otros más grandes, pero todos los chicos tenemos pezones, es algo natural, ¿no?
Aprendí que ese pecho, esos pezones que tanto odio, pueden hacerme sentir placer y también dolor, pueden gustar al tacto aunque no a la vista. Pueden ponerse rosados y también rojos, su piel puede ponerse en carne viva y erizarse, pueden ponerme a mil como dos botones que cuando él aprieta aumentan mi libido… Sus dedos estiraron y retorcieron mis pezones vírgenes, que jamás había rozado yo mismo siquiera por simple pudor, y que jamás había dejado a nadie que lo hiciera. Sus dientes mordisquearon mis pezones, sus labios succionaron las zonas heridas y su saliva sirvió de cura después.

Me mostré transparente con él y me calenté mucho. No sé si me calentaba el hecho de ser consciente de lo que estaba haciendo, que creaba en mí una sensación de libertad, o era JD el único que me mantenía caliente.
Gemía. Me dolía a veces muchísimo y creía que no podía soportarlo más y me echaba disimuladamente hacia sus manos para que no tirara tanto pero… me gustaba, me gustaba mucho. Lo pienso, recuerdo y me pongo caliente.

Tienes un pezón más grande que otro, dijo JD con gracia. Yo suponía que aquello debería ser así pero no lo había comprobado, me daba miedo hacerlo y todavía me asusta. No soy capaz de tocar justo ahí yo solo porque choco con una realidad de mentira que me desagrada pero sin embargo allí, con él, me sentí bien. Me sentí realizado y en un momento dado lo admiré. Lo admiré de una manera honesta, con orgullo, por haberlo conseguido. Muchos lo intentaron y no lo consiguieron, yo lo intenté y no lo conseguí. ¿Sería el momento, el día, la hora, la temperatura, la compañía, mi estado anímico?, ¿seré capaz de repetir?, ¿me gustará tanto como me gustó este fin de semana? No lo sé, son preguntas que se irán respondiendo con el paso del tiempo… Aprendí más de mi cuerpo, pero de mi cuerpo masculino. Me sentí muy varonil, aunque sumiso, muy masculino. Me sentí bien. Aprendí más zonas de mi cuerpo que me pueden otorgar placer y dolor, y me pueden hacer gemir hasta que me duela la garganta... y ese placer no viene necesariamente con un orgasmo, ni con masturbación, viene con cosas más pequeñas que antes creía secundarias.

Dos días después todavía me duelen. Al vestirme me roza y me escuece, al ducharme, al sudar, al acostarme boca abajo… es una sensación de picor, quemazón, irritación, ardor… yo que sé. Es una sensación que me recuerda que soy su perro en estado de adiestramiento, un perro rebelde y vago que a veces hace las cosas mal pero espera cambiar por iniciativa y también dejarse cambiar sin quejas ni negociaciones.

Y mientras tanto… otro pliegue fuera.

 perro ladrador {JD}

viernes, 9 de noviembre de 2012

Sobre perros (por JD)



El perro quiere jugar y el dueño se presta, juega con él, le da juguetes, le enseña cosas nuevas y poco a poco el perro se excita, se pone nervioso y cree que tiene el poder sobre su dueño para jugar.
El perro se equivoca, su dueño juega con él por disfrute personal y por afán educador, pues los juegos tanto pueden ser lúdicos como educativos.

Entonces cuando el perro se sobreexcita y se cree que maneja a su dueño es hora de ponerlo en su sitio a través de correctivos. Empezamos con correctivos privativos, es decir privar al perro de lo que le gusta, un juguete por ejemplo, el perro debe comprender que el dueño es quien decide con que juguete puede disfrutar y cuando. Seguimos con correctivos de movilidad, al perro se le castiga en un cuarto o en una determinada posición para que comprenda que es su dueño quien decide a donde puede ir, como y cuando.

Si con estos dos tipos de correctivos el perro no se calma hay que ir aplicando mano dura, si ladra mucho un bozal viene de perlas, el perro aprenderá a ladrar solo cuando corresponda o cuando se lo solicite su dueño. El perro sigue rebelde y hay que provocarle algo de dolor, unas pinzas vienen bien, se le aplican en puntos sensibles de su cuerpo y hasta que no se calme no se le quitan, causa-efecto. La próxima vez solo con ver las pinzas se calmará, al hilo de esto último cualquier correctivo de los anteriores deben acompañarse de ordenes vocales especificas para que el perro con solo oírlas sepa lo que le puede ocurrir si no se comporta.

Como dije los anteriores se pueden considerar correctivos de comportamiento, después vendrían los castigos por desobediencia o por malas acciones. Se pueden aplicar los anteriores pero con mayor intensidad, en tiempo, dificultad, incomodidad o dolor. Los humillantes, que el perro haga algo en privado o en publico que lo ridiculice. Los repulsivos, algo que el perro odie o deteste y hacer que lo haga, coma, luzca... etc. En cuanto a castigos de dolor mis preferidos son los azotes, muy inmediatos, muy graduables en cuanto a dolor y que dejan un recuerdo posterior en incomodidad y humillación.

Estos serían digamos que las directrices básicas, se pueden combinar e innovar y cada dueño los aplica según su criterio personal y desde luego dependiendo del carácter del perro estos los necesitaran con mayor o menor frecuencia e intensidad.

Todo lo anterior lo describo como algo fuera del ámbito sexual, sin disfrute personal, algo que hay que hacerle comprender al perro evitando comportamientos sexuales durante los castigos. Si el perro es algo tonto (que también los hay) y se excita durante los correctivos o castigos de comportamiento, se le deberá aplicar un periodo de castidad forzada hasta que aprenda a distinguir cuando se trata de sexo y cuando no.


Fdo. JD

lunes, 5 de noviembre de 2012

Obediencia

Una vez, JD me instó a que escribiera una entrada sobre la responsabilidad de un sumiso para consigo mismo. Al final el tiempo pasó, y yo no llegué a hacerlo, no recuerdo ahora el motivo, pero estoy seguro de que él se acuerda de que se lo debo. Y por eso estoy aquí.

Muchos dicen, que un sumiso ha de ser un ser ordenado en su vida cotidiana, una persona con metas y disciplina para llevarlas a cabo. Yo creo que tienen razón, aunque no del todo.
¿Existe un sumiso perfectamente disciplinado y desobediente con su Amo?, ¿existe un sumiso irresponsable y zángano muy complaciente con su Amo? La respuesta a ambas preguntas es: sí, aunque no es un sí completo, solo un sí a medias.

Una vez que se establecen determinados patrones a seguir en la vida diaria, el sumiso obediente los acepta sin que le suponga un drama y el sumiso desobediente los acepta pero le supondrá un mayor esfuerzo.
¿Hay un término medio? Yo creo que a veces puede haberlo, ya que no tiendo a ser extremista. Un sumiso ordenado en su vida diaria, cansado de serlo, que se vuelve desobediente en compañía de un Dominante y un sumiso desordenado en su vida diaria que se vuelve dócil en compañía de un Dominante. Esto existe, es una realidad. Como bien dijo una vez esclavo efe, en la D/s hay mucha variedad. Y no todos somos iguales.
Sin embargo, vayamos a generalizar un poco, una persona que es organizada de por sí, será tan buen sumiso, siempre y cuando tenga la correcta actitud, como una persona desorganizada. La importancia de la actitud radica en que si sin ella yo no estaría aquí escribiendo, esto es un hecho.

¿El sumiso disciplinado nace o se hace?
Nace, porque va en su naturaleza el orden para conseguir un día eficaz que le hace sentirse a sí mismo satisfecho (tenga o no tenga Amo). Y a veces se hace, con tiempo y sacrificio.
Este es un tema de actitud, y ambos pueden llegar al mismo punto solo que con mucho más esfuerzo uno que el otro.
Basándonos en esto, un Amo preferirá por norma general a un sumiso responsable y regular en su dominio que a un perro callejero que ni va, ni viene. Pero esto es como la experiencia; algunos los prefieren sin iniciar, y otros muchos experimentados. Tanto si el sumiso es desorganizado como si es inexperto, eso supondrá un nivel más alto de esfuerzo por su parte, y de tiempo por su Dominante, pero en ambos casos se puede llegar al mismo punto si hay la actitud necesaria por parte de ambos.

¿Cómo se llega al punto de la organización completa?
Mediante tiempo, disciplina y confianza. Cabe decir que ningún sumiso debe realizar las órdenes que cualquiera le imponga por mero capricho; solo las de su Dominante, que de antemano, y si es buen Amo (y no un pseudoamo…) querrá lo mejor para él. Y también debe estar sujeto a una modificación de sus hábitos personales siempre y cuando esté entregado a la parte Dominante de manera seria, virtuosa y sobretodo real.
Aquí no valen las fantasías, las mentiras ni las verdades a medias. Una vez que un sumiso incorpora mandatos a su día a día, debe llevarlos a cabo (le gusten o no) solo por el hecho de obedecer.
No todos están dispuestos a empezar una vida casi de cero, en la que aunque muchas cosas gusten y/o exciten, muchas otras crean fastidio… pero el sumiso organizado ampliará su rutina sin problemas, y el sumiso desorganizado, siempre que tenga actitud, modificará sus hábitos al gusto de la parte Dominante, a la que se entrega de manera gradual y sobretodo consensuada para conseguir un bienestar pleno en su relación, que será satisfactoria a corto/medio plazo, y a medida que se cumplan los objetivos marcados.

Y yo debería ser mucho mejor de lo que soy, más organizado, más disciplinado y responsable. Pero esto no deja de ser un proceso de aprendizaje y cambio, y pese a mis ganas, que sin duda son muchas, ya a golpe de lunes he comenzado a ser un perro vago, que hará las cosas correctamente el resto de la semana, acordándose de ello cada vez que por casualidad se mire las manos.




perro ladrador {JD}