Mini-Relatos

Nota: Son relatos ficticios escritos por mí basándome en experiencias que otros me han contado o simplemente de mi imaginación, pero nada de lo que pone aquí lo he vivido y por lo tanto es pura ficción.


2013:


Mini-Relato I: El dentista.

Llegué al dentista y me senté. Tras el saludo inicial, sentí como aquel hombre, experimentado y cuarentón, se disponía a introducirme algo en la boca para que la mantuviera abierta mientras empastaba mi muela. Tenía la boca bien abierta, entrecerré los ojos, y automáticamente mi Amo apareció en mi mente. Mi polla ya estaba dura y se hacía notar considerablemente entre esos vaqueros tan apretados que me había obligado a vestir... Pero Él no estaba allí…

Mini-Relato II: Fuma y come.
Él estaba harto de verme fumar. Como a un niñato de barrio, decía. Apagué el último cigarro de la noche, mientras veía la TV, tranquilo. Él apareció y tomó asiento a mi lado, tendiéndome un cigarro, lo miré con duda, pero su mirada severa no daba lugar a vaciles. Fui a encenderlo, pero Él negó de manera burlona y divertida.
-         Cómetelo, perro. Por cada uno que fumes, te comerás otro de regalo –dijo.
Cogí el pitillo, tembloroso e inseguro y me lo llevé a la boca. Fruncí el ceño ante su sabor, sintiendo como su dominante mirada impactaba sobre mí. Agaché la cabeza y aguantando las arcadas, lo comí hasta el filtro. Sentía la boca seca, asqueada y vomitiva como nunca. Era un sabor repulsivo.
Él asintió, me frotó la cabeza y se fue.
Mis ganas de fumar se disiparon para siempre.

Mini-Relato III: Un perro de verdad.
-         ¡Ven, perro! –escuché gritar a mi Amo.
No parecía enfadado, sino todo lo contrario. Comencé a correr a cuatro patas por el pasillo y nada más llegar al salón, moví el rabo por inercia, demostrando mi alegría ante su llamada. A punto de acercarme para lamer sus botas, observé como un cachorro de Golden Retriever jugueteaba a su alrededor de manera infantil. Lo miré unos segundos y agaché la cabeza. No me llamaba a mí. Sentí celos infinitos.

Mini-Relato IV: Picor.
Permanecía quieto mientras Él comenzaba a atarme. Mi cuerpo estaba en reposo, tranquilo, sin ninguna alerta de picor. El tiempo pasó, el bondage terminó y quedé prácticamente inmóvil, atado y amordazado casi contra mí mismo.
De repente, todo me picaba. Era matemático.
Solté un gruñido, y Él se fue.
Solo quedaban cinco horas así.

Mini-Relato V: Eterna castidad.
- Hoy, se cumplen 15 días de castidad. ¿Cuando crees que debería ordeñarte, perro? Venga, mójate –preguntó mi Amo, mostrándome una hoja donde estaban los días apuntados.
Yo dudé. No quería parecer necesitado y molestarle con mis ruegos, pero al mismo tiempo… me moría de ganas.
-         ¿Hoy, Señor? –pregunté más que afirmar.
-         Hmmm, ¿hoy? No, hoy no –sentenció divertido.
-         ¿Ma… mañana, Señor? –titubee.  
-         ¿Mañana? Creo que no, sigue.
-         ¿Para la semana, Señor? –pregunté, intentando dejarle cierto margen.
-         Hmmm… ­–llevó su mano a mi entrepierna aprisionada, vacilón. Y volvió a negar.
-         ¿Dentro de 15 días, Señor? –inquirí, con algo de miedo.
-         No –negó y rompió la hoja delante de mi hocico.- Mejor nunca.
Murmuró con suma tranquilidad y se fue. Mi polla había despertado por sus caricias. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
**Nota: Esto es solo un relato. El cuerpo humano necesita expulsar semen por salud y no es sano ni recomendable permanecer para siempre en castidad.

Mini-Relato VI: Cera caliente.
La primera gota de cera cayó sobre mi pecho, mientras aquel dildo metálico luchaba por ensanchar mi trasero. Gruñí lo poco que la mordaza me permitió, mientras aquel experimentado mozo comía con brío la rica polla de mi Amo, y yo, parcialmente atado y empapado en sudor, sucumbía a los encantos de aquello que tanto miedo me daba… la cera caliente.
Solo llevábamos cinco minutos de sesión. Tragué costosamente saliva e intenté no observar la escena. Todavía faltaba mucho.